Georg H. Fromm
*Este escrito fue sometido por Georg Fromm para su publicación en el semanario Claridad, ya que era una reacción a un artículo que había sido publicado previamente en el periódico. No fue aceptado por la editora de la sección En Rojo, usando como criterio cuestiones de estilo (una “tónica” particular que desean mantener). Colocamos aquí por lo tanto el texto de Georg Fromm. También, y con permiso de Fromm, luego del escrito colocamos como apéndice el intercambio entre la editora de En Rojo y él.*
En vista de la larga y sistemática campaña de descrédito y hasta vilipendio a la que ha sido sometida la egregia figura de Albizu dirigida por el gobierno colonial y otros sectores conservadores de nuestra sociedad y destinada a borrar de la conciencia de nuestro pueblo la heroica gesta del prócer y sus abnegados seguidores (campaña que, por cierto, persiste aún, aunque debilitada en buena medida), es natural y comprensible que se genere entre algunos espíritus patrióticos la contra-tendencia a exaltar a como dé lugar su figura y obra, incluso exagerando hasta un extremo absurdo sus muchas virtudes y méritos, hasta el punto de prácticamente endiosarlo. Así se ha intentado, por ejemplo, de transformarlo en un socialista precoz[1], entre diversas posibilidades: sólo falta quien, con beatería despistada, ¡trate de equipararlo a Jesucristo!
Aunque entendible, esta tendencia a “inflar” desproporcionadamente la figura de nuestro prócer en modo alguno puede justificarse, por lo que es necesario resistirla –y hasta combatirla— tanto por consideraciones históricas como políticas. En efecto, agrandar hasta un nivel sobrehumano la figura y obrar de Albizu no sólo violenta crasamente la realidad histórica, sino que, peor aún y por ello mismo, resulta pernicioso –hasta nefasto—para la lucha larga y ardua por la plena emancipación de la patria, tan querida como sufrida, que tanto nos importa adelantar. No se puede soslayar la verdad elemental de que la historia, después de todo, la hacen los hombres, seres de carne y hueso que inescapablemente viven, piensan, actúan y producen en determinadas circunstancias históricas y sociales que, al tiempo que posibilitan también delimitan las condiciones objetivas dentro de las cuales habrá de desenvolverse su existencia y su obrar. Quien pretenda lo contrario y desconozca esta realidad fundamental engendra y cultiva ilusiones enajenadas que inexorablemente socavarán sus más caras aspiraciones y proyectos y sólo puede llevar al despilfarro de esfuerzos, energías y sacrificios merecedores de mejor destino.
Si llamo la atención a esta verdad elemental en este momento, se debe al hecho de que el periódico Claridad recientemente no sólo ha publicado sino también tácitamente endosado (por el despliegue extraordinario que le ha otorgado al mismo: además de un anuncio en la misma portada, toda la portada y el lugar central del suplemento En Rojo) un bienintencionado pero desatinado artículo[2] que es un ejemplo dramático del mal señalado. El artículo de marras no puede ser más ambicioso, como proclama desde su título: “Ciencia y filosofía en la obra de Albizu”. Pero, lamentablemente, no basta con las buenas intenciones: y el contenido del ensayo de Rodríguez Cruz, es menester decirlo, se queda penosamente corto de ofrecernos algo más que ellas. Es por ello que me desconcierta –y preocupa—el hecho de que, al parecer, el equipo editorial de Claridad comparta el desatino de su autor al asignarle un valor y una importancia desmesurados a este artículo: por sus implicaciones políticas, esto es harina de otro costal y hace ineludible prestarle atención a un escrito que, por su pobreza y hasta banalidad, de otro modo sólo merecería ser total –y piadosamente—ignorado. Procedamos, pues, a la ingrata pero necesaria tarea de examinar críticamente los planteamientos que Rodríguez Cruz nos adelanta en el mentado artículo.
Lo primero que cabe señalar es que dicho escrito apenas nos habla de la ciencia y la filosofía (como si se tratara de conceptos tan traslúcidos como para no necesitar explicación o discusión alguna) –¡ni hablar de la aportación de Albizu a las mismas! En lugar de ello, nos ofrece toda una serie de afirmaciones que, en el mejor caso, no trascienden lo obvio y trillado mientras que, en el peor, constituyen un conjunto de afirmaciones discutibles, superficiales y carentes de fundamento adecuado. Por limitaciones de espacio –¡y paciencia!—sólo ofreceré unos ejemplos paradigmáticos de los desatinos que abundan en este escrito.
En su febril afán por transformar a Albizu en un gran filósofo y científico, nuestro autor hace descansar sus temerarios alegatos sobre un andamiaje argumentativo harto peculiar y frágil. Partiendo del hecho indiscutible de que nuestro patriota fue una persona profundamente religiosa, concluye sin más, que debemos reconocer en Albizu a un profundo pensador idealista que podemos legítimamente equiparar al gran filósofo idealista alemán, Hegel, ¡nada menos! La imperiosa necesidad de celebrar –y venerar, si se quiere—la egregia figura de Albizu en modo alguno autoriza a hacerlo con un sofisma tan craso, tan burdo. En efecto: si bien ser profundamente religioso conlleva compartir una conciencia o visión de la realidad idealistas, ello en modo alguno convierte automáticamente, sin más, a quien abriga este tipo de cosmovisión enajenada de la realidad en un filósofo y, menos aún, en un gran filósofo, comparable a uno de los más grandes y profundos en la historia de la humanidad. Por favor…
A partir de esta grotesca maroma intelectual, nuestro autor procede a sostener, con la típica arrogancia del ignorante, la pertinencia para el caso de Albizu de los conocidos comentarios que Lenin hace –refiriéndose específicamente a nada menos que Hegel—sobre la relación entre el idealismo y el materialismo en sus Cuadernos filosóficos. Es cierto que, entre otras cosas, Lenin sostiene que el pensamiento filosófico idealista suele tener un valioso y nada despreciable contenido e, incluso, que “más vale un idealista inteligente que un materialista estúpido”, pero –detalle crucial que nuestro febril apologeta no toma en cuenta—Lenin hace estas afirmaciones polémicas para celebrar específicamente la grandeza y profundidad indiscutibles del pensamiento filosófico hegeliano, no obstante su raíz y naturaleza idealistas; por lo que él en modo alguno pretendía que sus elogios al idealismo hegeliano valían, igual e indiscrimanadamente, para cualquier pensamiento idealista ni, menos aún, para una concepción no-filosófica, religiosa como la de Albizu. Es difícil concebir mayor arbitrariedad que la de arrancar totalmente de su contexto específico las afirmaciones de Lenin a fin de exaltar artificialmente el pensamiento de nuestro prócer: con esta burda operación intelectual sólo se consigue lo opuesto de lo que nuestro devoto admirador de Albizu aspira lograr, a saber, desnaturalizar a nuestro prócer (amén de hacer el rídiculo intelectual).
La maroma denunciada se torna aún más artificial y grotesca a la luz del único texto albizuísta que nuestro desenfrenado apologeta nos ofrece en su artículo para atribuírle el título de gran filósofo a la altura de un Hegel, nada menos:
“Dios lo hizo todo de la Nada, es decir, de la Sombra. De ella sacó también la luz para comprensión humana del secreto creador; pero el mejor entendimiento místico no es posible sin que la luz misma apague la retina y restituya el imperio de la Sombra.”
Sospecho que habría que estar cegado por una devoción absolutamente ciega e indiscriminada para ver en el texto citado la expresión de un peculiar pensamiento místico; pero ver en este texto un profundo pensamiento filosófico a la altura de Hegel… ¡del todo imposible!
Algo similar, tan patético como grotesco (si no es acaso aún peor), es lo que Rodríguez Cruz nos ofrece como justificación para atribuirle cientificidad al pensamiento de Albizu, por lo que huelga abundar sobre el particular. Me limitaré a sólo señalar que toda la argumentación al respecto descansa sobre un sofisma no menos craso y burdo que el anteriormente criticado, a saber: la equiparación indiscriminada, sin más, entre objetividad y ciencia. Así nuestro extraviado apologeta nos propone que, como la descripción albizuísta de nuestra condición colonial es ciertamente objetiva, ella amerita ser considerada como un ejemplo paradigmático de ciencia en el pensamiento del prócer. Si las cosas fueran tan fáciles y sencillas, la actividad científica no exigiría de un esfuerzo tan arduo y riguroso para cultivarla y desarrollarla. Creo que el carácter extravagante y absurdo del presupuesto fundamental del razonar de Rodríguez Cruz es tan patente que no requiere ulterior dilucidación.
En suma: la lisa y llana realidad que nuestro frenético apologeta no puede asimilar ni reconocer, es que Albizu nunca fue –ni pudo serlo– un gran filósofo o científico, y que pretender lo contrario constituye un desatino monumental, una verdadera aberración injustificable… e innecesaria: pues Albizu no tenía que serlo para merecer ser recordado, respetado y celebrado como uno de los más grandes hijos que ha tenido nuestra tan querida como sufrida patria.
[1] Es el caso notable de los planteamientos de Benjamín Torres que he comentado críticamente en mi serie de artículos “El nacionalismo y el movimiento obrero puertorriqueño” que originalmente se publicó en Claridad en el verano de 1977y posteriormente (1990) se reprodujeron en la revista Op. Cit. del Centro de Investigaciones Históricas (UPR-RP).
[2] Rafael Rodríguez Cruz, “Ciencia y filosofía en la obra de Pedro Albizu Campos”, suplemento En Rojo de la edición del 20 al 26 de agosto de 2009 de Claridad., págs. 18-19.
Apéndice
Comunicación de la directora de En Rojo (Claridad):
Estimado profesor Fromm:
Antes que todo mis excusas por no haberme comunicado antes. El director del periódico el compañero Gervasio Morales me hizo llegar el artículo sobre Albizu, en respuesta al que fue publicado en el En Rojo. Lo lei con calma y con ánimos de que sirviera para generar una buena discusión sin embargo, creo que funcionaría mejor a esos propósitos si no tuviera epítetos hacia el autor, esa es la razón por la cual no lo hemos publicado.
Me parece que todas las personas que colaboran con el periódico y su Suplemento merecen respeto y consideración, que aunque es una regla no escrita tratamos que los artículos para refutar o aclarar mantengan esa tónica.
Cualquier duda o pregunta sobre este asunto, se puede comunicar conmigo al teléfono y dirección que aparecen aquí.
Saludos cordiales,
alida millán ferrer
directora en rojo
amillan@claridadpuertorico.com
Respuesta de Georg H. Fromm:
Aunque en modo alguno me sorprende, sí me decepciona su “veredicto” editorial respecto a mi breve texto polémico comentando críticamente el artículo de R. Rodríguez Cruz que ustedes publicaran –con espectacular despliegue– recientemente.
No es la primera vez que, al verse incapaces de responder a la sustancia de mis planteamientos, se recurre a la táctica evasiva de mostrar, como una suerte de hoja de parra, una hipersensibilidad respecto al “tono”, la vehemencia/aspereza de mi escritos. En este caso: ¿cómo no ser severo e implacable con un artículo tan pretencioso, pero tan pobre, tan banal? Tratarlo con mayor “delicadeza” es otorgarle una calidad que en modo alguno posee, al punto que dedicarle tiempo al mismo sólo se justifica por el extraordinario destaque que Claridad le dio al mismo.
En este caso particular, resulta irónico que justo hace 30 años, pude publicar en En Rojo una serie de seis artículos (desde fines de mayo hasta principios de julio de 1977) polemizando pormenorizadamente con la visión hagiográfica (con mucho más fundamento que los delirios “místicos” de Rodríguez Cruz) que entonces J. Benjamín Torres promovía sobre Albizu. No obstante la devoción por los nacionalistas de Miñi Seijo Bruno (quien a la sazón estaba a cargo del suplemento), ella supo apreciar el valor de mis escritos (no obstante su naturaleza polémica) y propició su publicación en el semanario. Este incidente lamentable sirve, al menos, como revelador barómetro del escandaloso retroceso ideológico que algunos sectores de nuestra “izquierda” han sufrido en el curso de la últimas tres décadas. Por suerte, nuestro pueblo ofrece claros indicios de un despertar propio, el cual espero dejará atrás a los anquilosados elementos sectarios, miopes y dogmáticos que tanto han entorpecido los esfuerzos por nuestra emancipación colectiva.
Georg H. Fromm
Manuel Almeida
10 months ago
No puedo creer que Claridad no le publicara a un profesor que formó parte de aquellos pocos que les enseñaron lo poco que saben de verdadero marxismo a muchos que transitaron por su periódico.
Prof. Luis Pérez
tora@prw.net
Luis G. Santiago Buitrago
9 months ago
Prof Fromm,
Tuve el privilegio de ser estudiante suyo en el 1977. Mi comentario es basicamente para darle mi apoyo y hacerme eco critico de una censura injustificable. Aquellos que censuran siempre encuentran excusas. A principios de la decada de los 90, en una visita a Cuba con motivo de una conferencia, conoci y realice una entrevista, mas bien de tipo testimonial, a un joven cubano VIH positivo. El joven habia sido encarcelado por 12 meses por haber tenido relaciones sexuales con otra persona que era VIH negativa (aun con proteccion). Al tratar de publicar la entrevista en una revista Latina por los derechos humanos de la personas con VIH radicada en Nueva York, el editor, aparentemente simpatizante de la revolucion cubana, se nego, arguyendo que no habia balance y que debi haber hecho una entrevista similar en un pais “capitalista”. Una argumento absurdo ya que la revista continuamente publicaba articulos sobre las violaciones de los derechos humanos de las personas VIH en los EEUU.
En fin, es verdaderamente una pena que Claridad siga decayendo mas y mas, que haya perdido la poca capacidad que tuvo en tiempos pasados de proveer un espacio para la discusion de ideas y la promocion de un debate de altura. Para mi esto refleja la debilidad de una corriente ideologica que esta en crisis, y en vez de abrirse y dejar que el aire entre, se refugias en dogmas o remozados mitos. Como el de Albizu.
No se desanime y recuerde que con la tecnologia moderna – el internet en particular – la censura periodistica tiene poco alcance.
En caso de que alguien de Claridad lea este comentario, yo les sugiero que reflexionen, que abran el periodico, que no tengan miedo al debate. Con una vision mas amplia Claridad podria salir de su nicho y convertirse en un gran instrumento de educacion y discusion que tanto necesita Puerto Rico.
Luis G. Santiago Buitrago
Peter Garibaldi
9 months ago
El periodiquito Claridad es basicamente un instrumento de los ex-miembros mas leales a Mari Bras. El PSP desaparecio porque la linea stalinista no tenia cabida en el pais. La censura del articulo del Prof. Fromm es un reflejo de la mediocridad que permea el diario.